Desde que era niña, el arte hizo parte de mi vida como algo natural, como el aire que respiraba dentro de mi hogar. Crecí viendo a mi padre dedicar su vida a la música, y gracias a él entendí desde muy pequeña que el arte no solo se escucha o se observa… el arte se siente, se vive y transforma vidas.
Mi infancia estuvo rodeada de melodías, instrumentos, ensayos, danza, canciones y expresiones artísticas que despertaron en mí una sensibilidad especial. Mientras otros niños descubrían hobbies, yo descubrí mi pasión y, sin darme cuenta, también comenzaba a descubrir mi propósito. La música se convirtió en ese lenguaje capaz de expresar emociones que a veces las palabras no logran explicar.
Con el paso de los años entendí que no solo amaba aprender arte, sino también compartirlo. Por eso decidí estudiar Licenciatura en Música en la Universidad del Valle. Elegí este camino porque quería prepararme para enseñar, para llevar la música a otros niños, jóvenes y familias de una manera cercana, humana y significativa.
Mientras estudiaba, comencé a trabajar dando clases personalizadas a domicilio. Cada estudiante que llegaba a mi vida confirmaba algo dentro de mí: enseñar era mi verdadera vocación. Más allá de enseñar notas, ritmos o canciones, descubrí la alegría de ver cómo una persona ganaba confianza, desarrollaba sensibilidad, aprendía a expresarse y encontraba felicidad a través del arte.
Con el tiempo nació un sueño aún más grande: crear un espacio donde cualquier persona pudiera acercarse al arte sin importar su edad, sus conocimientos previos o su situación económica. Un lugar cálido, humano y accesible para toda la comunidad. Así nació Somos Arte.
Somos Arte nació desde el corazón, desde el deseo profundo de aportar algo positivo a nuestra sociedad. Porque creo firmemente que el arte transforma vidas, fortalece emociones, une familias y ayuda a construir seres humanos más sensibles, seguros y felices.
Cada clase, cada presentación, cada niño que pierde el miedo, cada adolescente que encuentra en la música un refugio y cada familia que confía en nosotros, me recuerda por qué elegí este camino.
Hoy puedo decir con gratitud que mi profesión no es solo un trabajo; es una misión que nació desde mi infancia, inspirada por el amor de mi padre hacia la música y fortalecida por cada experiencia vivida en este hermoso recorrido artístico y pedagógico.
Seguir enseñando, creando y sembrando arte en los corazones de las personas es, sin duda, una de las mayores bendiciones de mi vida.
Sandra Marcela Gómez